Omnem crede diem tibi supremun
Cada tres días resucito de mis pesares para volverme a morir.
Es trágico pensar en el vacío de mis días inútiles,
las horas reventadas al sonar el despertador,
ese tiempo que caduca entre mi ayer y mi mañana
sofocado por estar perdido en los caracoles de una vida que no depende de mí,
sino de esa otra forma nauseosa que me empuja, me asesora
y alienta a encontrar mi humano rostro,
un máscara de piel y carne en el fondo del espejo.
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Entre el hoy y el mañana existe un ayer que no se vivió
una hoja en blanco en nuestro viejo cuaderno de bitácora,
un papel ficticio devorado por polillas ficticias pero hambrientas;
porque entre el hoy y el mañana está el pasado mañana,
el día que se vivió ayer y que por paradojas de la vida
y otras señas autómatas
se tendrá que volver a vivir mañana
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Amanece. Me pregunto cuántas gentes miran su reloj
en este mismo instante en que yo miro mi reloj
cuántos rostros multiplicados en la misma lunilla
cuántas angustias sincronizadas sin saber que su hora está cerca.
El tiempo es un extraño animal que escupe lágrimas,
una gillette que corta la piel hasta mostrarnos el monstruo
que llevamos dentro.
De: "Animal Carnívoro",
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